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Día de la madre para las Madres Sueltas

Día de la madre para las Madres Sueltas

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Feliz día de la Madre, madres del mundo.

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Madre e hijos

Desde Madres Sueltas queremos recordar que madre no hay más que una, o dos, o más.  Porque se puede ser madre biológica y a la vez ser una madre de acogida de campeonato. Todas las que cuidamos de nuestros churrumbeles con amor, como quiera que hayan llegado a nuestras manos, somos Madres.

Nos gusta compartir con todos nuestra experiencia e invitaros a comentar y compartir también vuestra visión de la maternidad, porque la vida cambia ¡y mucho! cuando una se convierte en madre.

Mamá Okami

Nunca me planteé como un sueño ser madre, no estaba idealizado en mi cabeza o al menos no era consciente de ello. Sólo sabía que me gustaría ser madre, no porque tocara, sino porque era interesante. El pensamiento venía a mi cuando algún amigo renegaba de traer críos al mundo, imaginaba que estaba en mi naturaleza y sentía que no podía estar de acuerdo con sus afirmaciones “anti-niños”.

Y un día sucedió, estaba embarazada. Empezaba la vorágine de sentimientos, el ansia, la intriga, el amor, el cansancio… la confusion: ¿Cómo será? ¿Cómo lo educaré? ¿¡En qué me he metido!? ¡Ya ha nacido! ¿Podré querer igual a dos? ¡Hoy os vendía a las dos, cansinas! ¿Pueden ser más preciosas? ¡Que no os pase nada!  Etcétera.

Así fue como cambió mi vida, de hacer cosas por y para mi, a pensar en mis churrumbeles noche y día, a veces más intensamente, otras con ganas de descansar y perderlas de vista un rato. Pero para bien, sin duda, no lo cambiaría por nada en el mundo, ¡ni siquiera por dormir más, que está muy cotizado!

Desde mi punto de vista hay que hacerlo muy mal para hacerlo realmente mal. No soy una madre perfecta, disto mucho del ideal de las revistas y de las cuentas de instagram, por supuesto estoy muy lejos de la publicidad y me quejo y grito, mucho, porque a veces me agotan. Pero luego las ves dormidas en tu regazo, les tocas sus pringosos pelos (gracias, BLW), lavas y peinas. Te ves reflejada en sus actos según van creciendo y eres aún más consciente de que estás dando ejemplo, educando a nuevos ciudadanos para este loco mundo. Y te hinchas de orgullo cuando la  cosa va saliendo bien… Y te tiras de los pelos cuando parece que van mal.

Crecerán y nunca volverán a ser igual, cada etapa tiene sus cosillas y espero no darles mucha tarea en el futuro. De momento les he dado una compañía que para bien o para mal siempre tendrán, son #hermanas. Y yo tampoco volveré a caminar sola.

Madre hija banco futuro pasado

Maternidad, madre e hija

 

Mamá Undomiel

En mi adolescencia, post adolescencia y de más “mayor” cuando entre las amigas comentábamos el hecho de “ser madres” yo nunca sentí que fuera algo vital para mi. No cerraba la puerta, pero no lo consideraba algo esencial para realizarme como mujer, o necesario… como algunas decían. Es más, crecí, me emparejé y cuando la cosa fue en serio le planteé que yo no estaba segura de si quería ser madre. Clara y franca desde el principio. Yo no quería ser responsable de truncarle el deseo de ser padre si era algo muy importante para él.

Pero cuando llegó el momento de planteárselo en serio nos lanzamos a la piscina. Y sí, ahora soy bimadre.

Ser madre ha supuesto un cambio total en mi vida ordenada y planificada. Las horas del día no me dan, se acabaron las escapadas improvisadas, salidas sobre la marcha… Si, muchas veces echo de menos mi “vida anterior”. Estoy todo el día con la sensación de que no llego a nada a pesar de ir acelerada por la vida, preocupándome por cualquier tos o moco. Y sobre todo, ODIO el parque.

Como Okami, no soy una madre abnegada, sufridora y divina de la publicidad. Me quejo, necesito tiempo para mi para no salir corriendo o explotar, les grito (bueno, más bien al mayor, al pequeño de momento solo le digo “matamadre”)… Una madre que hace lo que puede y lo mejor que puede.

Es algo duro, eso no se puede negar, pero se te derrite el corazón cuando te miran, te dan un abrazo o los ves juntos… ¿Cómo ha podido una persona tan seca como yo crear esas dos pequeñas maravillas?

 

Mamá G. Teller

Mmmmm, llevo un rato pensando. Para mi ser madre ha significado mucho. Significa tener más ojeras, menos tiempo para mis hobbys, mancharme la ropa por sus manos pringosas, perder la paciencia, frustración, culpa y un sueño cumplido.

 

Sí, un sueño cumplido. Siempre he querido ser madre. Formar mi propia familia. En mi casa, la familia es sumamente importante y quería experimentar lo mismo. El amor que siempre hemos tenido en casa y ahora, con la familia que he formado, he podido cumplir ese sueño.

Sé que soy la mejor versión para mi hija. Tengo claro cuales son los objetivos que tengo como madre y el principal es que ella sea feliz y aprenda día a día lo que es la vida, lo que debemos luchar, pero también que hay que disfrutar el camino y lo mejor para ello, es estar acompañada en todo momento de la gente que te quiere, seas como seas.

 

Es verdad que tengo menos tiempo para lo que realmente me apetece, pero eso no significa que no sea feliz. Puede que tenga menos dinero en el bolsillo, pero eso no me hace ser infeliz. Encontré a mi medio limón. Mi compañero de vida, con el que decidí formar esa familia. Aunque sabía que iba a ser madre, casada, reajuntada o soltera, pero iba a ser madre, lo encontré a él y hemos formado una familia. Y aunque cada día nos decimos, cuanto nos queremos y nos demostramos con gestos este amor, hoy es nuestro día, donde yo me dejo querer, dejo que me cuiden y me digan mil veces lo que me quieren.

 

Desde el momento en que esos dos ojazos marrones se abrieron y me miraron, supe que mi vida era para ella. Por supuesto, que no debemos olvidarnos de nosotras y nuestras necesidades, no sentirnos culpables por querer tiempo sin ella.

 

Por ello, sin pensármelo dos veces, repetiría esta y mil veces, porque la maternidad no es de color de rosa y puede abrumarnos, pero también tiene su parte buena, solo hace falta mirar esos ojazos, que te llamen mamá mil veces al día y notar lo que te necesitan y te quieren.

 

Mamá Morrigan

Siempre quise ser madre, desde que tengo recuerdos era algo que quería experimentar sin falta alguna. Luego la vida se encargó de ponermelo algo dificilillo, pero finalmente logré mi objetivo. Cuando nació mi hija sentí que era lo más grande que había hecho en mi vida hasta la fecha, que nada iba a ser tan importante como aquello. Me sentí cómoda en la piel de MADRE, me salió de forma natural. Si bien es cierto que mi lactancia fue un fracaso, me lié la manta a la cabeza y decidí que lo que necesitabamos mi hija y yo era estar bien, que la opinión externa era meramente orientativa y que seguiría mi instinto.

Cuando tuve al segundo la cosa se complicó un poco, pero ya tenía experiencia y nos pudimos apañar. A pesar de todo lo malo, nunca sentí culpa por dejarles con su padre o sus abuelos, nunca perdí mi identidad como mujer. Aplacé algunos planes, cierto, tal vez no salga tanto como antes, pero creo haber logrado un equilibrio perfecto entre mi maternidad y el resto de mi vida.

Daría mi vida por ellos, lo tengo claro. Son mi prioridad en muchos aspectos pero no en todos. Porque no soy perfecta, no soy una “madre modelo de Instagram”, soy humana y cometo errores. Y aprendo día a día como ser mejor, como ayudarles a ser mejores, como disfrutarlos y que me disfruten.

No quiero ser un tanto por ciento de nada, quiero ser 100% yo todo el rato, con mis días buenos y malos, con gritos, con besos, con carreras, con abrazos, con babas y balbuceos. Quiero ser yo como madre, mujer, esposa, amiga, hija y hermana, todo junto y revuelto porque es mi esencia misma. Los estudios, los gráficos, las estadísticas… empaquetadas rumbo a sitio no muy agradable. La culpa exiliada bajo un puente. Los “opinólogos” lejos, muy lejos.

Tengo una pareja que me complementa, una familia que confía en mi criterio, dos hijos maravillosos aunque a veces me saquen de quicio. Soy feliz, soy yo misma, soy madre. Y nadie, NADIE, debería cuestionarmelo.

 

 

 

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