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Ser Hermana Mayor

Ser Hermana Mayor

Recuerdo perfectemante el día que nació mi hermana pequeña. Yo tenía entonces 5 años.

Me levanté una mañana y vi a mi abuela hacer la cama de mis padres. Al verme allí plantada vino hacia mi y me explicó que papá y mamá se habían ido al hospital porque mi hermanita iba a nacer.

El siguiente recuerdo que tengo es de que mis abuelos me llevaron al hospital y como los menores no podíamos entrar, mis padres salieron al balcón de la habitación para que yo, desde la calle, pudiera verles y ver a esa cosita que decían que era mi hermana.

No se en que momento fui consciente de ello, pero puedo aseguraros que si, tuve muchos celos de mi hermana. Esa cosa pequeña y llorona robaba mi tiempo a mis padres, ocupaba un espacio que yo reclamaba como mío.

Recuerdo ese sentimiento de rabia hacia ella. Y esa mezcla de emociones que la muñeca diabólica despertaba en mi. La quería, claro que la quería, a rabiar!! La adoraba. Pero en muchos momentos algo dentro de mi se torcía y sentía esos pinchazos tan dolorosos llamados celos.

Esos celos me hicieron sufrir, mucho.

Cuando nos peleábamos mis padres me exigían que como la mayor que era, debía poner más sentido común al asunto. Y en esos momentos yo sentía cuán injusta es la vida de la hermana mayor. Era algo que me frustraba enormemente.

A pesar de todo, yo habría dado (y la doy) mi vida por mi hermana pequeña.

Siempre di la cara por ella, la defendí cuando tocaba, y me encaré con quién hiciera falta por ella. Era el sentimiento de sentir que mi obligación era protegerla, siempre.

Y así hasta el día de hoy.

Ser hermana mayor puede ser un duro camino. Cuando eres niño no entiendes muchas cosas, no comprendes depende que actitudes, no soportas cosas del enano que a todo el mundo les hace tanta gracia, sientes que esa bola enana ha llegado a este mundo para jorobarte, ha venido a tu vida a fastidiarte, día si y día también.

Pero, ser hermana mayor también es maravilloso. Tener una hermana es tener el complemento perfecto a tu vida. Es sentir que eres el referente para alguien que te admira, que te imita, que quiere seguir tus pasos.

Es ser el abrazo protector al que busca cuando la regañan a ella, cuando se ha roto una muñeca, cuando la peli de turno le da miedo.

Ser hermana mayor es ser su confidente y su apoyo cuando vive cosas por primera vez, que tu ya has pasado.

Ser hermana mayor tiene un lado oscuro y doloroso en ocasiones, pero también tiene ese revés lleno de luz.

Se, como hermana mayor que soy, que mi hija mayor, ha pasado y está pasando por tantos y tantos momentos que yo ya viví, que siente emociones que yo sentí. Intento entenderla, acompañarla, y hacerle valorar los maravillosos momentos que pasan juntas, jugando, o cuando ella le hace un teatro a la pequeña, o tantas y tantas noches en que quieren dormir juntas.

Aunque se pelean, y mucho, se que se adoran . Y entiendo a la perfección ese binomio de amor odio que viven los hermanos.

Como madre no siempre es fácil capear los celos, la madre leona suele salir en defensa de la pequeña precisamente por eso, por ser la pequeña, es un instinto natural, proteger al más desfavorecido o al que creemos más débil. Y se que eso no siempre es justo. Hay que seguir trabajando en ello.

No obstante, de todo esto, me quedo con todo lo bueno que me aporta ser hermana mayor, y con lo fantástica hermana mayor que es mi hija.

 

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